El matrimonio, primera institución familiar arrasada por liberación femenina
Que en paz descanse aquella otrora institución familiar que una vez llevó el nombre inmaculado de MATRIMONIO. Institución ésta que caminando umbilicalmente de la mano con los dos seres que orgullosamente se desposaban y juraban ante Dios y los hombres amarse y respetarse mutuamente, lograba reportar a la sociedad los mejores y más sanos frutos.
Esos frutos eran los hijos, los cuales nacían, se criaban y desarrollaban bajo un hermético ambiente de disciplina, respeto, honradez, amor, y otros valores que nunca faltaban en el seno del hogar, constituido a través de matrimonio.
Esto así, porque éste era considerado como toda una institución o empresa de la mas alta calidad moral, a la cual se llegaba luego de estar previamente depurado y preparado tanto psíquica como económicamente.
En ese orden, la sociedad y la iglesia estaban presente desde el momento mismo en que la pareja concebía esta meta, fungiendo como las principales fiscalizadoras de quienes aspiraban unirse por la ley del matrimonio y previo a este paso, les enseñaban las normas que debían adoptar para saber timonear con certeza este serio compromiso.
Estas normas tenían como requisito, que previo a la unión las parejas juntos a sus padrinos y madrinas debían pasar por un proceso de encuentros y cursillos pre-matrimoniales con el fin de prepararlos civil, emocional y espiritualmente.
Todo esto quedó enterrado bajo un alud de excrementos inmundos, propiciado por las modernas reglas de comportamientos que nos trajeron las malvadas teorías de la “liberación femenina”, entre otros inventos.
Esta hediondez, que empezó a molestarme y causarme curiosidad, me llevó a urgar minuciosamente en distintas fuentes, y los datos obtenidos realmente son bochornosos y espantosos.
La búsqueda de estos datos la hacíamos también porque nos había llamado a reflexión las “pocas noticias de matrimonio (o casi ninguna)” que nos llegó de 3 años a la fecha. Curioso. Y, así mismo, fuimos observando que en ningún sitio se veía, ni oía hablar de boda. ¡Qué fracaso! Entiéndase que ni en las oficialías, ni en las iglesias, ni periódicos, ni TV, ni siquiera en la voz pópulis.
Esto nos hizo entender que las descabelladas teorías de la “liberación femenina”, “modernidad”, “apertura”, ah, “las divas” y “megadivas”, fueron de los principales responsables del fracaso, colapso y casi extinción del matrimonio en las sociedades, dando paso en su lugar a tantas y tantas depravadas uniones libres.
La iglesia, ante tantas atrocidades de esta índole que empezaron a llenar la faz de la tierra, optó por llamarla “pecado público”, “infamia”, “bigamia”, entre otros merecidos calificativos.
Entendamos que las sociedades han sufrido un irreparable daño en su estructura moral.








